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Ana Macías de Santa Olalla

¿Quién soy?

Empecé mi formación, hace ya unos cuantos años (2010-2014), estudiando fisioterapia en la UCAM, donde, además de pasar algunos de los mejores años de mi vida, aprendí a amar las numerosas facetas de esta disciplina. Desde que me gradué, he estado en constante formación: terapia miofascial, terapia craneosacra, lesiones deportivas, ecografía y EPTE, diatermia, fisioterapia geriátrica, electro neuroacupuntura, Medicina Tradicional China (MTC) y Psiconeuroinmunología (PNI). 

Di el salto al mundo laboral, como casi todos mis compañeros de profesión, “haciendo domicilios”. Durante esos primeros años, compaginé la vida de ir con la camilla a cuestas, con el trabajo en una residencia de ancianos, para acabar finalmente entrando en una mutua, experiencia que duraría nada más y nada menos que tres años. Durante esta primera etapa, además de trabajar en una clínica privada, dónde cogí experiencia en todo tipo de patologías músculo-esqueléticas, mis ganas de relacionar todo esto con el deporte, ya empezaban a asomar, y así fue como, durante un tiempo, estuve colaborando con un Club deportivo especializado en trail y en carrera. 

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mirada integrativa

La experiencia que transformó mi forma de trabajar

En mi día a día trabajando en la mutua, ya empecé a darme cuenta de que, en muchas ocasiones, los protocolos establecidos para cada patología, no ayudaban a los pacientes a mejorar. Esto despertó en mí una curiosidad por investigar qué más facetas de la fisioterapia podía utilizar para ayudar a mejorar mis pacientes. 

No fue hasta que una lumbalgia, que siempre había sido mi talón de Aquiles, me dejó tumbada, cuando me di cuenta de que tenía que haber algo más. Los tratamientos de fisioterapia manual se quedaban cortos y ninguno de los muchos médicos a los que fui me daba solución o, al menos, una explicación a mi dolor. 

Escuchar para sanar

Mi visión sobre la salud

Considero que nuestro cuerpo es un todo. ¿Cómo podemos abordar con las mismas herramientas el tratamiento de un dolor de hombro en una mujer sedentaria de 60 años que en un atleta de 25? Para mí, tratar un dolor de hombro, limitándose a tratar solo el hombro, es algo reduccionista. 

Por eso, mi prioridad es siempre poner en contexto el motivo de consulta de cualquier paciente, para ello necesito conocer en profundidad los mecanismos que le han llevado a presentar el síntoma y actuar en consecuencia, optimizando el descanso, la movilidad, el ejercicio, la nutrición, los ritmos circadianos y, entre otros, la gestión de las emociones. 

A veces, esto supone pedirle un esfuerzo a los pacientes, que no siempre están dispuestos a asumir, pero, como decía Hipócrates: “Pregúntale a tu paciente si está dispuesto a renunciar a aquello que le enfermó”. 

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